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PERSECUCIÓN | Ataques a la prensa blog-post-image

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El proyecto totalitarista del correísmo exigió acabar con el pensamiento, las ideas y toda iniciativa o propuesta que no sea la suya. Le exigió también controlar la opinión, posicionar la verdad oficial y conseguir que el ciudadano tenga un solo punto de vista; por ello, en el Ecuador pensar diferente se convirtió en un delito. No existía libertad de expresión, había miedo y autocensura en los medios y se perseguía a periodistas y medios no afines al régimen. Articulistas, investigadores, reporteros, propietarios de medios, premios Nobel, editorialistas, Twitteros, caricaturistas; nadie se salva del escarnio y el ataque oficial.

Fausto Valdivieso, un periodista que fue despedido de TC Televisión, canal confiscado al grupo Isaías, fue asesinado cuando estaba a punto de sacar a la luz pública una serie de actos de corrupción cometidos en ese canal. La confiscación de los canales de televisión del grupo Isaías fue parte de su estrategia para consolidar un monopolio de medios y establecer con ellos y el conglomerado de medios públicos, un estado de propaganda en el que rija la impunidad al impedir se conozcan los múltiples actos de corrupción del Gobierno.

El delito es fiscalizar, expresarse, disentir, protestar, pensar diferente

blog-post-image La 'prensa corrupta'
El estado de propaganda que rigió durante el régimen de Correa, se soportó en la vigencia de una punitiva Ley de Comunicación o 'ley mordaza', instaurada para imponer miedo y autocensura a medios y periodistas.

Otras expresiones del asedio mediático al que se encontró sometida la población ecuatoriana constituyeron las cadenas televisadas o 'sabatinas' de cuatro horas semanales; constante incremento del gasto en propaganda oficial; el abuso de los espacios de réplica para interrumpir noticieros; las incuantificables cadenas nacionales para uso político no informativo encaminadas generalmente a descalificar a opositores, medios o periodistas. Solo al veedor ciudadano Pablo Chambers, quien estudió el caso de los contratos con el Estado del hermano del presidente, Fabricio Correa, le dedicaron 16 cadenas nacionales en las que se le acusó de estafador, entre otras cosas.

blog-post-image El estado de propaganda
La estrategia totalitarista del correísmo pretendió desaparecer a los medios privados, a los que el mandatario los calificó sistemáticamente como prensa corrupta y consolidar un monopolio mediático para establecer la verdad oficial como única. Cuatro grandes evidencias existen al respecto:
• La conformación de un grupo de medios mal llamados públicos, puestos al servicio político del régimen de Correa (Ecuador TV, diario El Telégrafo, El Ciudadano, PP El verdadero, Radio Pública, entre otros).
• La confiscación de los canales de televisión del grupo Isaías (TC Televisión, Gamavisión y CN3), los que juntos abarcaban el 45% de la cobertura mediática nacional útil para conformar su estado de propaganda.
• El intento de apoderarse del diario El Universo, por vía de manipulación judicial. Correa demandó al diario por 80 millones de dólares y el valor del mismo no llegaba ni a los 40 millones de dólares
• La desaparición de varios medios privados por presiones del régimen (Revista Vanguardia, Diario Hoy, Radio Arutam), medios permanentemente amenazados por el propio Correa o a los que les cortaron los presupuestos de publicidad gubernamental o la frecuencia por orden superior. Estában en la lista de espera, otros medios amenazados como Radio Visión, Radio Democracia, Revista Vistazo y las cadenas televisivas privadas Ecuavisa y Teleamazonas.

blog-post-image The 'press black list'
Correa buscaba imponer la verdad oficial como única; mediante el ataque sistemático a la prensa y a los periodistas. En todas sus presentaciones mediáticas y en las semanales cadenas sabatinas, los atacó sistemáticamente con calificativos que van desde prensa corrupta, pasando por bestias salvajes, manipuladores, cavernícolas, mafias, golpistas, hasta criminales y sicarios de tinta.

Los primeros en caer y dejar sus puestos ante esta avalancha gubernamental, fueron Carlos Vera, de la cadena Ecuavisa y Jorge Ortiz, de Teleamazonas; paradójicamente dos de los periodistas que más espacio le dieron en esas cadenas privadas a Correa cuando era solo un candidato. Vera y Ortiz, periodistas con credibilidad e influyentes en la opinión pública, comenzaron a observar y a denunciar los abusos y la corrupción del Gobierno de Correa; fue entonces cuando se inició su persecución y vinieron las presiones y retaliaciones que finalmente los obligaron a renunciar.
Pero la lista negra de los periodistas que no estaban alineados con el régimen pronto se incrementó con los continuos linchamientos y descalificaciones de Correa desde las tribunas mediáticas que ha conformado. Vinieron los casos de:
• Emilio Palacio, editorialista del diario El Universo
• Patricio Vivanco, del diario La Hora
• Alfredo Pinoargote, de Ecuavisa
• Miguel Rivadeneira y Martín Pallares, del diario El Comercio
• Roberto Aguilar, del diario Hoy
• Janeth Hinostroza, de Teleamazonas
• César Ricaurte del observatorio de medios Fundamedios
• Fernando Villavicencio, experto en temas petroleros
• Bonil, el caricaturista
• Juan Carlos Calderón y Christian Zurita, de la revista Vanguardia, estos dos últimos denunciaron los contratos de Fabricio Correa, hermano del mandatario
• Gonzalo Rosero de Radio Democracia
• Diego Oquendo de Radio Visión
La lista negra sobrepasó las fronteras y ni el premio Nobel Mario Vargas Llosa ni su hermano se salvaron de los ataques tortuosos de Correa.

blog-post-image Violencia contra periodistas y medios, promovida desde lo más alto del poder
El constante ataque y descalificación por parte de Correa a periodistas y medios independientes, así como la aprobación de la Ley de Comunicación, crearon un clima de hostigamiento, autocensura y temor que en la práctica se traduce en la violación de la libertad de expresión en el Ecuador. Carlos Ochoa, quien presidió la Superintendencia de Comunicación, fue un declarado enemigo de los medios privados e incondicional defensor político del correísmo. Ochoa fue quien ejecutó la condena en contra del caricaturista Bonil.

Son incontables los casos de ataque a la libertad de expresión. Como ejemplos podemos citar: la confiscación de las computadoras de la revista Vanguardia; agresión a periodistas y blogueros como Carlos Andrés Vera, por parte de una turba correísta; o, casos más graves como la amenaza a la integridad física de la familia de la periodista Janeth Hinostroza, quien denunció el sonado Caso Duzac-Delgado-Cofiec, vinculando al primo de Correa, Pedro Delgado en ese entonces Presidente del Banco Central, acusado de estar involucrado en actos de corrupción. El violento allanamiento al hogar de Fernando Villavicencio y la confiscación de su información; el asesinato del periodista Fausto Valdivieso, quien investigaba actos de corrupción en el canal confiscado TC Televisión, caso que, dicho sea de paso, ha quedado en la impunidad.

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